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Durante el Goodwood Festival of Speed 2025, Yamagami dejó claro que el futuro del Type R podría estar electrificado. Y no lo dijo con resignación, lo dijo con decisión: el espíritu Type R no depende del combustible, sino del carácter. Si un coche puede transmitir sensaciones puras al volante, entonces puede ser un Type R, aunque no suene como un enjambre de abejas enojadas a 8,000 rpm.
El mensaje es claro: Honda no va a matar al Type R, pero lo va a transformar. Y eso duele un poco, porque muchos aún no superamos la despedida del FK8, ese hatchback furioso que desquiciaba Nürburgring y nos recordaba que aún se podían hacer autos sin filtros. Y aunque el actual FL5 sigue con el mismo corazón turbo, la sombra de la electrificación ya se asoma en el retrovisor.
Porque el Type R no es un capricho: es una religión, y como toda religión, duele verla cambiar… pero a veces, también renace con más fuerza y esperemos sea ese el caso.