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La movilidad compartida en México lleva más de una década prometiendo libertad y eficiencia, pero la realidad ha sido otra: coches que hay que ir a buscar a pie, scooters abandonados o robados por toda la ciudad y plataformas como Uber que cada vez se parecen más a un taxi caro y poco confiable. Hoy, la empresa italiana Auriga, junto con el Politecnico di Milano, anuncia un proof of concept (POC) de robo-sharing que podría cambiar las reglas del juego. Y lo hace sin eliminar lo que realmente nos gusta: manejar.
Recordemos Carrot, la pionera del car sharing en México desde 2012. Es un servicio que sigue funcionando, pero con el modelo de estaciones fijas: tienes que llegar caminando (a veces varios cuadras) hasta el auto, usarlo y regresarlo al mismo punto o a otra estación designada. En una ciudad como CDMX, donde el tráfico y las distancias peatonales son enemigas, esa “libertad” se siente más como una obligación. El free-floating prometido nunca llegó del todo, y la dispersión de vehículos sigue siendo un problema estructural.
Peor aún fue el capítulo de las motos y scooters eléctricos compartidos. Empresas como Grin (y en menor medida Lime y Movo) irrumpieron con fuerza hace unos años prometiendo micromovilidad barata y ecológica. El resultado fue desastroso: robos masivos, vandalismo, scooters tirados en cualquier lado, baterías agotadas y costos de redistribución y mantenimiento que hicieron insostenible el modelo. Grin tuvo que pausar operaciones en CDMX en 2019 por pérdida de unidades y problemas regulatorios; Lime salió de la capital y solo ahora está intentando un regreso controlado en ciudades como Querétaro y Monterrey, pero con los mismos dolores de cabeza (incluyendo reportes recientes de robos). El “sharing” sin control se convirtió en un dolor de cabeza para usuarios, autoridades y empresas.
Y luego está Uber. Lo que empezó como una alternativa revolucionaria a los taxis tradicionales se ha degradado: cancelaciones constantes, autos en mal estado, precios por las nubes con el surge pricing, conductores que no conocen la ciudad y una experiencia general que ya no genera confianza. El “movimiento” que prometía eficiencia se volvió caro, impredecible y, en muchos casos, menos seguro.
El modelo híbrido de Auriga ataca precisamente los puntos débiles históricos del sharing:
- Mayor utilización del vehículo: ya no hay autos “perdidos” en la ciudad esperando a que alguien camine hasta ellos.
- Menos flota necesaria: al reposicionarse solos, se optimiza el uso y se reduce el número de vehículos requeridos.
- Mejor experiencia del usuario: eliminas los tiempos muertos y la caminata.
- Sostenibilidad: menos autos circulando, menos espacio urbano desperdiciado y menor impacto ambiental.
El comunicado es claro: hoy es un modelo híbrido. Pero la tecnología ya existe para ir más allá. Una vez que las regulaciones mexicanas (y europeas) evolucionen y permitan vehículos autónomos de nivel 4 o 5 sin supervisor a bordo, el robo-sharing podría convertirse en un verdadero robo-taxi on-demand: el auto te recoge, te lleva y se va solo. Sin conductor, sin cancelaciones, con costos predecibles y disponibilidad real 24/7.
No será mañana. Faltan inversiones, homologaciones, infraestructura y, sobre todo, voluntad política. Pero el proof of concept de Auriga demuestra que el camino técnico está trazado. El resto depende de que las autoridades y el mercado se pongan al día.
En Los Autocríticos celebramos las ideas que realmente resuelven problemas en lugar de crearlos. Si el robo-sharing demuestra viabilidad operativa y económica, podría ser la primera innovación en movilidad compartida que realmente cumpla lo que Carrot, Grin, Lime y Uber prometieron pero nunca del todo entregaron.
¿Llegará a México? Ojalá. Porque después de años de caminar hasta el coche, buscar scooters fantasma y pagar de más por un Uber que cancela, merecemos algo mejor.¿Qué opinas tú? ¿Te subirías a un Pick-Me Car que llega solo? Cuéntanos en los comentarios.