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En esta ocasión, compartimos nuestra experiencia con la Mazda CX-5 Grand Touring 2024, un vehículo que probamos durante seis meses. Como siempre, adquirimos el modelo por nuestra cuenta, sin compromiso alguno con la marca, para ofrecer una opinión honesta.
Hemos mencionado en otras pruebas y en redes sociales que las SUVs no son nuestro tipo de vehículo favorito. Sin embargo, su omnipresencia en el mercado y la falta de otras opciones nos llevaron a probar una. La Mazda CX-5 es una SUV compacta del segmento C. La versión Grand Touring, una abajo de la tope de gama, cuenta con un motor de 2.5 litros, asientos en piel sintética, transmisión automática de ocho velocidades, paletas al volante, climatización bizona, asistente de mantenimiento de carril y sensores de punto ciego.
A pesar de su reciente rediseño, la Mazda CX-5 muestra signos de veteranía, especialmente en el interior. El panel de instrumentos, con velocímetro y tacómetro analógicos, se siente desfasado en un mercado dominado por tableros digitales. Aunque incorpora una pantalla alargada, similar a la de otras SUVs modernas, su integración en el diseño del tablero parece forzada, rompiendo un poco la armonía estética.
En cuanto al espacio, la cajuela de 522 litros es suficiente para dos maletas grandes, algunas pequeñas, la bicicleta de los niños o una compra grande en el supermercado. Sin embargo, no destaca en capacidad de carga frente a otras SUVs del segmento. Además, aunque la CX-5 es ancha por fuera, el espacio interior no se siente tan bien aprovechado. En una era de SUVs con techos panorámicos, su quemacocos resulta pequeño y algo anticuado.
Mazda no es una marca premium, pero la CX-5 Grand Touring da pasos firmes hacia ese segmento. Los acabados en piel, el sistema de sonido y la calidad de los materiales se acercan más a las marcas premium orientales que a las generalistas. La experiencia de manejo refuerza esta percepción, con una conducción sólida y bien equilibrada.
El control de la pantalla central, operado mediante una perilla junto a la palanca de velocidades, puede ser confuso al principio, pero se vuelve intuitivo y práctico con el uso, evitando la necesidad de tocar la pantalla constantemente (aunque también es posible hacerlo). En ciudad, el consumo de combustible es algo elevado, pero la excelente insonorización y el sistema de audio de alta calidad hacen que el tráfico sea más llevadero. En carretera, el motor 2.5 litros responde con solvencia, permite rebasar con facilidad y sube sin problemas. Las paletas al volante son útiles en bajadas y curvas, ofreciendo mayor control sin recurrir excesivamente a los frenos.
En la parte trasera, la CX-5 ofrece buen espacio, y las asistencias de conducción, como el mantenimiento de carril y los sensores de punto ciego, aportan seguridad y confianza.
Durante los meses que tuvimos la CX-5, no enfrentamos inundaciones, por lo que no pudimos comprobar los comentarios en redes sobre su desempeño en esas condiciones. Más allá de ese aspecto, que podría ser relevante según el contexto, la Mazda CX-5 nos dejó una impresión positiva. Aunque no es el tipo de vehículo que buscábamos ni nuestro segmento favorito, la disfrutamos mucho y, ahora que ya no está con nosotros, la extrañamos. Es una SUV que cumple, con un enfoque en diseño y calidad que la hace destacar, aunque no sea la líder en espacio o modernidad.