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Sí, así de rápido puedes pasar de vecino tranquilo a enemigo público del sistema hidráulico nacional.
Esa bonita tradición mexicana de sacar la manguera el domingo para bañar el coche, la calle, al perro y de paso media colonia, oficialmente podría salir carísima a partir de junio.
Porque claramente el gran responsable de la crisis hídrica es Don Pepe, lavando su Golf afuera de la casa… no las fugas eternas que llevan meses aventando agua como fuente de Las Vegas en plena avenida.
Entre reglamentos, crisis hídrica y llamados desesperados al ahorro, el gobierno puso la lupa sobre hábitos que durante años parecían normales. Podemos llenar la ciudad de torres gigantes con cientos de departamentos, seguir aprobando desarrollos donde ya no cabe ni el aire y dejar fugas sin atender durante días… pero allá de ti si se te ocurre lavar la banqueta con manguera. Ahí sí aparece la conciencia ambiental de golpe, casi milagrosamente.
Porque al parecer descubrir que el agua se acaba fue suficiente para entrar en modo “multa primero, conciencia después”. Aunque la conciencia no aplique parejo, porque resulta curioso ver prohibiciones y discursos ecológicos mientras paralelamente siguen negociándose predios y construcciones interminables.
Pero bueno, seguramente el verdadero colapso hídrico comenzó cuando alguien regó la banqueta “para bajar el polvo”.
Las sanciones aplicarán para quienes desperdicien agua potable en vía pública, ya sea lavando autos a chorrazos, regando concreto como si fuera jardín botánico o dejando correr agua sin control. Aunque honestamente ya ni se distingue entre una fuga, una obra pública o un homenaje moderno a los canales de Xochimilco.
Y sí, quizá lavar el coche con cubeta ya no suena tan ridículo cuando la alternativa es pagar una multa que fácilmente podría convertirse en el enganche de un auto usado. Así de eficiente anda la urgencia recaudatoria de los eternos “a favor del pueblo”.
Así que si eres de los que dejan la manguera abierta “nomás tantito”, quizá ya es momento de cerrar la llave… antes de que el recibo del castigo llegue más rápido que el agua a tu colonia.