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​Imagina surcar autopistas sin límites, evadir atascos con atajos secretos y llegar a playas cristalinas en un monovolumen checo que lo hace todo posible. Este road trip de 1.200 km desde el corazón de Baviera hasta la idílica isla de Rab en Croacia no solo fue una aventura europea, sino una prueba de fuego para el Škoda Roomster: espacioso, eficiente y sorprendentemente versátil para cuatro viajeros con equipaje de sobra.
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El Compañero Perfecto: Conociendo al Škoda Roomster

Era el verano de 2014, y mientras visitaba a unos amigos en Alemania, decidimos emprender un road trip hacia las playas de Croacia, específicamente a la encantadora isla de Rab. Nuestro fiel compañero de viaje fue un Škoda Roomster, un monovolumen compacto de origen checo producido entre 2006 y 2015, que demostró ser ideal para esta aventura. Con su diseño versátil, ofrecía un espacio interior generoso: éramos cuatro adultos con todo nuestro equipaje —maletas, bolsas de playa, equipo de snorkel y provisiones— y cabíamos cómodamente sin sacrificar comodidad.
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​El maletero base de 480 litros se expandía hasta 1.780 litros abatando los asientos traseros, lo que nos permitió llevar todo lo necesario para una semana de relax sin problemas.Bajo el capó, contaba con un motor diésel 1.6 TDI de 105 CV, eficiente y robusto, con un consumo mixto de alrededor de 5-6 litros por 100 km —perfecto para un viaje largo, ya que nos ahorró paradas frecuentes en gasolineras y mantuvo los costos bajos, incluso en autopistas de alta velocidad. Este Roomster no era un deportivo, pero su tracción delantera y suspensión adaptada a carreteras europeas lo convirtieron en el aliado ideal para rutas mixtas: desde autopistas lisas hasta caminos secundarios irregulares.
Partida Tardía y el Caos de la Autobahn Alemana

Nos habían advertido que saliéramos temprano para evitar atascos, pero entre la "puntualidad mexicana" de algunos compañeros y mi jet lag persistente, partimos alrededor de las 10 a.m. desde Augsburg, una ciudad histórica a una hora al noroeste de Múnich, conocida por su arquitectura renacentista y como el hogar del Fugger, una de las familias bancarias más ricas de Europa en el siglo XVI. Entramos a la Autobahn, donde la mítica idea de conducir sin límites de velocidad se evaporó pronto: aunque hay tramos sin restricciones, el tráfico intenso lo hacía imposible. El atasco empeoró tanto que anhelábamos cualquier avance.
Afortunadamente, mis amigos locales conocían atajos por caminos vecinales —rutas secundarias limitadas a 100 km/h, pero fluidas—, que nos permitieron rodear Múnich a través de paisajes bávaros verdes y pintorescos pueblos con techos a dos aguas. El Roomster brilló aquí: su altura al suelo moderada y dirección precisa facilitaron las curvas estrechas sin esfuerzo.

Cerca de la frontera con Austria, a las afueras de Salzburgo —la ciudad natal de Mozart, famosa por su festival anual de música clásica y la imponente fortaleza Hohensalzburg, una de las mejor preservadas de Europa central—, volvimos a la Autobahn. Aquí, mi imagen idealizada de los alemanes como un pueblo respetuoso y ordenado se desmoronó: conductores rebasando por la derecha, usando el arcén como carril, tirando basura y colándose en las filas para los baños en las áreas de descanso. Parecían "chilangos" en Semana Santa rumbo a Oaxtepec (y lo digo como chilango: no todos somos así, pero quienes han vivido ese caos lo entienden).
Una Pausa Austriaca: Biergarten y Identidades Distintas

Finalmente, cruzamos a Austria alrededor de las 5 p.m. y nos detuvimos en un biergarten tradicional para recargar energías con schnitzel, salchichas y cerveza local. Aunque para un foráneo parezca una extensión de Alemania, Austria es un país distinto, con su propia identidad: su cocina resalta dumplings y strudels, y el alemán austriaco tiene acentos únicos (como "Semmel" en vez de "Brötchen" para el panecillo). Equipararlo sería como decir que México y Guatemala son idénticos solo por el español y las similitudes culturales —un error que podría ofender.Esta parada fue un respiro bienvenido para el Roomster, que hasta entonces había lidiado con el calor veraniego gracias a su sistema de climatización eficiente, manteniendo el interior fresco sin disparar el consumo de combustible.
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Noche en Liubliana: La Joya Verde de Eslovenia

Tras la pausa, continuamos hacia Eslovenia. En una gasolinera cerca de la frontera, compramos la viñeta obligatoria: una calcomanía adhesiva para el parabrisas que permite usar las autopistas eslovenas (costaba unos 15 euros por una semana en 2014). Eslovenia, que adoptó el euro en 2007, estaba en la Unión Europea desde 2004 y en el Espacio Schengen desde 2007, por lo que no hubo controles fronterizos con Austria.Llegamos de noche a Liubliana, la capital eslovena, una ciudad compacta y ecológica —nombrada Capital Verde Europea en 2016 por su compromiso con la sostenibilidad, incluyendo un centro peatonal libre de autos y vehículos eléctricos gratuitos llamados Kavalir—. Dividida por el río Ljubljanica, que según el filósofo local Slavoj Žižek separa irónicamente la "Europa civilizada" de la "barbarie", Liubliana es famosa por sus fuentes de agua potable (más de 20 en el centro, como la Fontana de los Tres Ríos Carniolanos) y su leyenda del dragón, símbolo de la ciudad que adorna puentes y escudos.

​Aparcamos en un estacionamiento céntrico y caminamos al hostal, aprovechando la mañana siguiente para un breve paseo. Es un destino subestimado con influencias austriacas, italianas y balcánicas, ideal para una visita profunda. El Roomster, con su bajo perfil urbano, se estacionó sin dramas en las calles empedradas.
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De Alpes a Mar: Paisajes Cambiantes en Eslovenia y Croacia

En Eslovenia, el paisaje alpino de los Alpes Julianos —hogar del monte Triglav, el pico más alto del país a 2.864 metros y un símbolo nacional que aparece en la bandera— se transforma gradualmente en mediterráneo, con viñedos y olivares. La arquitectura pasa de casas centroeuropeas con techos empinados a edificios sureños con tejas rojas.Cruzamos a Croacia, donde enfrentamos un control fronterizo (Croacia entró en la UE en 2013, pero no en Schengen hasta 2023). La autopista A1 nos sorprendió con túneles largos, como el de Učka de casi 6 km, que desembocan en puentes elevados con vistas vertiginosas al mar Adriático y las ciudades costeras —una sensación de vuelo entre la altura y el desnivel costero.

​El clima se vuelve totalmente mediterráneo: cálido y árido, con vegetación como cipreses y nopaleras introducidas desde América en el siglo XVI, usadas como ornamentales (ningún croata pensaría en asar nopales o comer tunas). En Croacia, la moneda era la kuna en 2014 (reemplazada por el euro en 2023), y las autopistas operaban con peajes en cabinas, no viñetas. El motor diésel del Roomster ronroneó con confianza en estas subidas pronunciadas, demostrando su torque generoso para adelantamientos seguros.
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Paraíso Insular: Llegada a Rab y Días de Relax

Casi al atardecer, tomamos el ferry desde el continente a Rab —un trayecto corto de 15 minutos con un ocaso espectacular—. Rab, conocida como la "Isla Feliz" desde la época romana (Felix Arba), tiene más fuentes de agua dulce que cualquier otra isla adriática, lo que la hace autosuficiente. Con 93 km² y playas de arena fina como Paradise Beach, o costas rocosas ideales para snorkel en aguas cristalinas, su casco histórico medieval recuerda a Venecia, ya que fue parte de la República Veneciana en el siglo XV y luego de Yugoslavia hasta 1991, en una región de fronteras volátiles.
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La gastronomía fusiona mariscos, influencias italianas y balcánicas —probamos pulpo a la parrilla y burek de queso—. Hicimos amigos locales que nos invitaron a su hogar y compartieron vino casero de un vecino; sin duda, saben vivir bien aquí. Nuestro Airbnb estaba a pocos kilómetros del puerto, perfecto para días de relax. El Roomster, con su capacidad off-road ligera, navegó sin problemas los caminos insulares empedrados hasta nuestro destino.
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El Regreso: Autobahn Libre y Reflexiones Finales

Después de unos días en Rab, emprendimos el regreso. Afortunadamente, el tráfico fue más fluido, exceptuando otro embotellamiento en Eslovenia, aunque al entrar a Eslovenia desde Croacia, los guardias —inusitados con pasaportes mexicanos— verificaron por teléfono que no necesitábamos visa para la UE. Una vez autorizados, continuamos directo, deteniéndonos solo para admirar los Alpes al atardecer.Al volver a Alemania, por fin experimenté la Autobahn sin límites: alcancé 180 km/h en el Roomster, aunque su enfoque familiar no lo hace ideal para velocidades extremas (un Yugo, el icónico auto yugoslavo de los 80, habría sido una opción retro divertida, pero poco práctica).
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​Este viaje no solo probó la versatilidad y eficiencia del Škoda Roomster —espacioso, económico y fiable en rutas mixtas—, sino que resaltó la diversidad europea: de autopistas germanas a costas croatas, un road trip inolvidable para cualquier apasionado de los autos. Si buscas un vehículo que combine practicidad con placer al volante, el Roomster es una joya subestimada. ¿Listo para tu propia aventura?
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Luis José

Me encanta viajar en auto

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